
Tener sueños es algo que creo que va de la mano con ser un escritor novel. Sobre todo porque cuando escribes sin ninguna aspiración más allá de desahogarte o entretenerte, no te llamas a ti misma escritora novel.
Pero, ¿qué pasa cuando te das ese nombre? Que aspiras a algo más. Aspiras a poder cambiar ese «escritor» por «autor» y a poder deshacerte algún día del «novel». Eso, junto con todos los otros castillos que se van construyendo en tu cabeza a cada día que pasa, son los sueños del escritor novel.





