
Cuando lees literatura fantástica juvenil, es fácil encontrarte con alguien que considera que estás perdiendo el tiempo. Puede que te consideren (o se consideren) demasiado mayor para ello. O que la palabra «juvenil» les dé urticaria. O, peor, ¡«fantasía»!
Ya hablé hace un tiempo de lo que muchos consideran géneros literarios de segunda así que no voy a repetirme. Hoy vengo a hablar de por qué la literatura fantástica juvenil puede reflejar la realidad igual de bien que cualquier otra.
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